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Cuentos de un verso

¿Cuándo brillarán tus ojos? Nuevamente. ¿Cuánto brillarán? Si son mi faro. Guía entre la niebla y la bruma que me asfixia pasaje entre veredas y callejuelas que suspiran Una dulce rima pensada al mediodía como esta melancolía que me transmiten tus delirios. ¿Cómo será el mundo? Que reflejan esos ojos. ¿Quién será tu foco? En un camino tan mareado. ¿Quién estará allí? Controlando nuestros sueños. ¿Cuánto quedará? Para dejar de ver al borde del abismo de sucesos y recuerdos corroídos… Esa voz que no se calla, siquiera enmudecida; aquella que tolera verse enrojecida, comprimida, embrutecida Tan amiga de la soledad y su compañía que brilla y transpira duelos y consejos vacíos de color llenos de sonido. Comienzos de cuentos que finalizan entre versos. Lágrimas son las que se ven, las que renacen por ser recuerdo, a la vez, que por ser momento repetido y ensuc...

El reloj del tiempo.

— ¿Qué es esto?— le preguntó a su padre. — ¿Esto? Es una reliquia familiar, un reloj de arena. — — ¡Oh, entonces sirve para ver la hora! Pero, ¿Cómo?— —No funciona como otros relojes modernos, pero es simple, la arena depositada en uno de los lados al ser pasada por esa unión permite medir el transcurrir de una hora. Cuando este se llena, ya sabes que pasó. — —Pero, este no tiene nada. — —Así es, le llamo el reloj de la vida y tiene relación con tu madre. — —Ohm, ¿podrías contarme?— —Claro, sé que podrás entenderlo. — Sucedía que en los momentos en que tu madre se encontraba enferma yo compré este artilugio, se lo di para que pudiese estar al tanto de cuándo debía tomar su medicina, lastimosamente cada hora de vigilia debía consumirlas, y así lo hacía, solo las noches eran naturales, su enfermedad se alimentaba mientras el día, el tiempo corría. Empeoró, al pasar al hospital su delicado estado no permitía que nada externo pudiese contactarla, un ambiente estéril total hasta d...

[Cuento] Escapando de la verdad.

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Llevo tiempo huyendo, corriendo de algo que prometí olvidar y, creí que nunca volvería a sentir. Recuerdo que mientras crecía siempre había algo, algo oscuro y sombrío, un ser invisible e imperceptible para otro que no sea yo. Se encontraba todo el tiempo, a unos metros alejado de mi; atosigándome y conspirando una forma de hacerme algo, ¡Yo lo sé! Una vez estuvo a punto de empujarme en las escaleras de un extenso parque, natural vivo y colorido, aunque en ese entonces solitario. Es insoportable vivir encerrado entre dos calles, una conduce a mi trabajo y otra era un atajo impensable para llegar seguro a mi hogar. Imagino, no me seguía todo el tiempo, no logaría hacerme nada si paseaba acompañado por varias personas. No podría decidirme si pensar en que el miedo nace cuando eso está cerca o eso sabe justo el momento en que más vigilante, atento, precavido y nervioso me encuentro; pues cada situación que reuniera ciertas condiciones, por alguna razón, siempre me recordaban y hac...